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“Crowdsourcing” Cursos universitarios se dan gratis

Reproducido de http://noticias.latam.msn.com/co/especiales/nytsyn/articulo.aspx?cp-documentid=254941041

Enseñar la materia de Introducción a la Sociología es casi una acción instintiva para Mitchell Duneier, un catedrático en Princeton: la ha impartido 30 veces, y un libro de texto del que es coautor va en la octava edición.

Sin embargo, el verano pasado, al transformar la clase en un curso gratuito en internet, tuvo que lidiar con preguntas nuevecitas: ¿dónde debería centrar la mirada mientras una cámara grababa las exposiciones? ¿Cómo compartirían ideas los 40,000 alumnos que se inscribieron? ¿Y cómo sabría qué estaban aprendiendo?

De muchas formas, el arco en la evolución de Duneier, de profesor en un aula a instructor de decenas de miles en la red, refleja un movimiento más grande, uno con el potencial para transformar a la educación superior. Un puñado de compañías ya están ofreciendo gratis instrucción elitista en el nivel universitario – otrora disponible sólo para unos cuantos selectos, en campus, a un costo enorme – a cualquiera que tenga conexión a internet.

Más aún, estos cursos masivos, abiertos, en internet, o MOOC, por sus siglas en inglés, aprovechan el poder de la gran cantidad de inscripciones para enseñar en formas nuevas, aplicando la tecnología de la colaboración en masa o “crowdsourcing” a las discusiones en foros y para calificar; así como, para permitir a los profesores que usen las clases en línea y reserven los horarios en el campus para la interacción con los estudiantes.

Es factible que la propagación de los MOOC tenga vastos efectos secundarios. Las universidades de niveles inferiores, que ya enfrentan la resistencia por las colegiaturas elevadas, podrían tener problemas para convencer a los estudiantes de que sus cursos valen el precio. Y algunos expertos manifiestan reservas sobre cómo se puede evaluar el aprendizaje en la red, y advierten del potencial de hacer trampa.

Los MOOC quedaron bajo los reflectores por vez primera el año pasado, cuando Sebastian Thrun, un catedrático de Stanford, impartió un curso gratuito sobre inteligencia artificial que atrajo a 160,000 estudiantes en 190 países. La tormenta de publicidad resultante incitó a universidades de investigación de elite en todo Estados Unidos para empezar a abrir a la educación superior para todo el mundo, con la esperanza, quizá, de finalmente ganar dinero al hacerlo.

La expansión ha sido vertiginosa. Millones de estudiantes están inscritos ahora en cientos de cursos en línea, incluidos los que ofrece Udacity, la compañía que creó Thrun; edX, una empresa conjunta de Harvard y el MIT con Coursera, una empresa derivada de Stanford que ofrece el curso de Duneier y otros 200.

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Las principales universidades que imparten cursos como el de Duneier llevan las de ganar, tanto en prestigio como en capacidad para pulir la pedagogía; pocas parecen preocupadas porque se diluya el atractivo de su marca. Los riesgos son mayores para universidades menores, que pueden estar tentadas a dejar algunos de sus propios cursos introductorios – y a algunos de los profesores que los imparten – y sustituirlos con la instrucción en la red, más barata, con catedráticos de grandes nombres.

“Alcanzamos el momento crítico, donde cada universidad importante piensa en lo que hará en la red”, dijo Peter McPherson, el presidente de la Asociación de Universidad Públicas y con Terrenos Cedidos. “En cierta forma, lo más importante de estos MOOC de las mejores universidades es que proporcionan cobertura para que otras no tengan la necesidad de disculpares por poner cursos en internet”.

En la premura de mantenerse al ritmo, las universidades elitistas hacen fila para unir fuerzas con el proveedor de los MOOC. Coursera, que empezó con Princeton, la Universidad de Pensilvania, Stanford y la de Michigan en abril, lidera el campo, con 33 socios universitarios. Sin embargo, edX también se está expandiendo rápidamente – ya se integró la Universidad de California, Berkeley, y la de Texas anunció que usará los cursos de edX para los créditos. Los estudiantes en un grupo de Udacity ya pueden obtener el crédito a través de Global Campus de la Universidad Estatal de Colorado. La mayoría de los proveedores de MOOC hacen planes para brindar créditos, y el cobro de cuotas por los certificados y los exámenes supervisados.

Los profesores se deleitan porque llegan a más estudiantes con un curso de lo que podrían lograr en toda una vida de docencia.

Al Filreis, un profesor de poesía, cuenta sobre un griego de 81 años, encerrado, que recibió 180 respuestas a su ensayo sobre Emily Dickinson. Hay historias de estudiantes mayores que hacen tareas juntos en la vivienda de residencia asistida donde están, así como elementos del personal del Congreso estadounidense que toman cursos sobre políticas sanitarias.

EL LEJANO OESTE

Duneier se emociona. “En tres semanas, tuve más retroalimentación sobre mis ideas sociológicas de la que había tenido en toda mi carrera docente”, dijo. “Encontré que no hay tema demasiado delicado como para no poderse discutir, educadamente, en una comunidad internacional”.

El foro de discusión en la red generó muchos intercambios mundiales. Poco después de que Duneier hablara sobre las normas sociales, poniendo como ejemplo la falta de sanitarios públicos para los vendedores callejeros – incluido un video de vendedores neoyorquinos que hablan sobre el problema _, estudiantes en Hong Kong, India, Rusia y otras partes comentaron sobre la situación en sus propias ciudades.

Entre tanto, se estaban formando grupos de estudio en todo el mundo. En Katmandú, Nepal, Dipendra K.C., de 22 años de edad, se conectó con cuatro compañeros de clase de más edad y se reunieron en persona para preparar los exámenes parciales y finales. “Veíamos las clases y la discusión en el foro, y señalábamos temas que resaltaba el profesor para tratar de prever las preguntas del examen”, contó.

Para crear el ambiente de un seminario en Princeton, Duneier utilizó una sala de videochat en la cual seis u ocho estudiantes – entre ellos, Dipendra, y otros eran de Siberia o Irán, así como de Princeton – discutieron sobre las lecturas; otros estudiantes, en el transcurso de una semana, podían repetir el video y comentarlo.

Para Doug MacKenzie, de 34 años, un bombero de Filadelfia que participó en el seminario, las videoconferencias con compañeros de clase en lugares remotos fueron lo más destacado. “Sólo pensaba que esto está increíble, poder hablar con alguien en Siberia”, expresó. “Esta clase me abrió los ojos un poco en cuanto a cómo me educaron mis padres y por qué me porto de cierta forma”.

El precio – ninguno – fue crucial. “Siempre quise hacer un posgrado, pero el problema es que no tengo el dinero”, comentó MacKenzie, quien ha cursado cuatro MOOC.

La mayoría de los MOOC tienen las lecciones en segmentos cortos, con preguntas incluidas para mantener la atención del participante y que aporte retroalimentación instantánea. Sin embargo, el enfoque todavía es experimental, en especial en humanidades.

“Esto todavía es nuevecito, todavía es el Lejano Oeste”, dijo Duneier.

Como sucede con otros MOOC, menos de cinco por ciento de los inscritos en el curso de Sociología lo terminaron: se entregaron 2,200 exámenes parciales y 1,283 finales. Algunos estudiantes escucharon todas las clases e hicieron todas las lecturas, pero no presentaron los exámenes. No había ninguna razón práctica para presentar los exámenes ya que Princeton – a diferencia de Udacity, edX u otras universidades que trabajan con Coursera – no extiende certificados de terminación.

“No me sentiría bien si diéramos algún tipo de certificado, mientras no sepamos más sobre cómo está funcionando”, notó Duneier.

Christopher L. Eisgruber, el rector de Princeton, dijo que aun cuando los primeros cuatro MOOC de su universidad se desarrollan bien, no tiene planes para dar credenciales.

“Nuestro objetivo principal al hacer esto es encontrar formas de mejorar la educación en nuestro propio campus, tomar la experiencia pasiva de los estudiantes garabateando notas mientras habla el catedrático, y tener algunas clases que puedan ver, dejar libre tiempo en el aula para actividades más interactivas”, dijo. “Es increíble que podamos poner información en la red para que las personas la compartan, pero no queremos inducir al error de que piensen que es lo mismo que un curso en Princeton”.

Nosotros, los que amamos la enseñanza

Escrito por: MU-KIEN ADRIANA SANG
Reproducido de http://www.hoy.com.do/areito/2012/6/29/434828/print
Ame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes. Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.

Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.

Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.

Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.

Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.

Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.

Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.

Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.

Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo… en el costado ardiente de amor. Gabriela Mistral

Ya lo he dicho, ya lo he escrito. Fui maestra antes de haber nacido. Decidí que mis canas nacerían en el aula y que los quebrantos del otoño existencial me llegaran parada, al filo de la docencia, frente a los jóvenes. Hace más de cuatro décadas que comparto las inquietudes, las aspiraciones y los desvelos de los adolescentes, y ese intercambio ha sido el mayor y más eficiente elíxir para alcanzar la eterna juventud. Llenar mi corazón con sus angustias y sus sueños, me obliga a renovar mis esperanzas y mi convicción de que sólo con ellos se puede construir el futuro.

He sido privilegiada de ser maestra. Fue una opción de vida que ha llenado mis días. A veces, cansada del trajinar de cada día, no tengo fuerzas para caminar hasta el aula. Sin embargo, cuando abro la puerta y veo sus caras, se llena de alegría mi alma. Al comenzar a hablar, y ver cuando sus ojos se iluminan al descubrir algo que desconocían, mi energía vital se renueva, y el tiempo pasa sin darme cuenta.

Con el tiempo, aprendí que amar la enseñanza es saberse eternamente aprendiz. Como bien dijo Richard Bach, todos somos aprendices, hacedores y maestros. Entendí que quizás tenga más experiencias que ellos, pero ese grupo de jóvenes sentados en sus butacas no son entes pasivos y vacíos que acuden a llenarse. No, porque el verdadero acto de educar es en el diálogo fructífero, libre y de doble dirección; en el cual los estudiantes escuchan y aportan, y el profesor, enseña simplemente a aprender. Después de largas décadas de insufribles discursos-monólogos, producto de mi concepción de que el maestro era el que sabía, comprendí que algunos de ellos, los que suponía vacíos de conocimientos, podían saber más que yo de algunas cosas. Cuando me reconocí limitada, vulnerable, aprendiz y parte de un todo, me convertí en mejor maestra. Ahora puedo llegar a las aulas confiada de que si algo se me ha escapado, no tengo temor ni vergüenza de aceptar que no tengo la respuesta adecuada ni correcta. Me siento segura de que el conocimiento cambiante es un desafío constante, desafío que se hace más interesante cuando es compartido, cuando juntos buscamos las respuestas y las verdades, a sabiendas de que serán temporales, porque mañana habrá nuevos caminos desconocidos que tendremos que recorrer. Soy maestra porque creo en la educación como acción transformadora de la sociedad. Soy maestra porque al mismo tiempo que enseño, aprendo.

Soy maestra porque renuevo mi alma, con la energía interminable de la juventud.

Soy maestra porque entiendo que yo fui como ellos, los jóvenes: desafiante, prepotente y testaruda. Soy maestra porque tuve maestros que me enseñaron con amor y fortaleza la necesidad de sentirme eternamente aprendiz, y a reconocer en el otro verdades y virtudes. Hoy los recuerdo con cariño. Sirvan estas palabras para agradecerles desde lo más profundo de mi corazón:

Pedro Pichardo, el único que me hizo llorar y con mis lágrimas, cambiar. Gracias a él me reconocí finita, vulnerable y llena de defectos y virtudes. Carlos Dobal y Adriano Miguel Tejada porque en sus clases descubrí la pasión por la historia. Amarilis de Zapata me enseñó la cooperación desinteresada y comprometida por una enseñanza de calidad.

Ruggiero Romano el maestro menos maestro de mi formación, pero con sus rabietas y críticas mordaces aprendí el oficio de historiar.

A ellos, y a los otros que no puedo mencionar, GRACIAS. El ejemplo de ustedes me ha mantenido atada a las aulas por más de 40 años. Y, como ustedes, anhelo y añoro los abrazos de los jóvenes agradecidos.

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